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Cafayate canto

Abandono el trabajo ciudadano

y empiezo a recorrer los antiguos caminos del Valle de Lerma,

para buscar el oxígeno, el sol,

el paraíso donde vive la arena,

el canto y el vino, sabedor de abuelos y de coplas.

Dejo las pequeñas frustradas lágrimas ciudadanas

en una casa cualquiera de la ciudad de Salta,

y emprendo como un pájaro alucinado un vuelo

hacia el corazón sonoro de esta América que canta.

Surco pueblo, ríos, acequias, árboles

que me saludan con sus verdes y frescos brazos,

siento que una música de ancestros le crece desde su tallo,

El viento me lleva y voy envuelto en la emoción de siempre.

Surco pueblos y soy testigo de este abrazo

de valles y de ríos que bajan con sus aguas,

y la tonada exacta del coplerío,

los colores y las formas se parecen a la música.

Veo las casas de los loros que ponen verde el horizonte,

un obelisco salteño, vallisto,

un sapo mitológico sabedor de la vida,

Castillos donde viven la arena y los vientos,

Ventanas por donde mira el emocionado hombre,

el paisaje donde ruge un bravío calchaquí,

con melena de oro, que pasa alegre y orgulloso,

alimentando la algarroba y el maíz.

Su tesoro una chicha maíz,

aloja fermentada de la fiesta

cruzan los valles de la gente.

Que retumbe en los valles

El eco de los tiempos.

Comentarios de lectores

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